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Una educadora familiar del FIC comparte un camino personal de esperanza y resiliencia

Lillian Armstrong pronto verá a Adrian, su nieto mayor, graduarse como ingeniero paisajista de Arizona State University. Sin duda, esta ocasión le traerá una increíble alegría. Después de todo, el día marcará un hito que no siempre estuvo garantizado.

"Desde el momento en que nació supe que había algo muy único en él", dijo Lillian.

Adrian nació con autismo, se negaba a amamantar y era sensible a muchos alimentos. Tenía terrores nocturnos, y lloraba por períodos de más de dos horas hasta ponerse rojo. La familia quedaba agotada, y el esófago de Adrián, lastimado.

También tenía un retraso en el habla y problemas para socializar. Los extraños lo aterrorizaban, no hacía contacto visual, y la exposición sensorial a luces brillantes, ruidos fuertes, o incluso a una mosca o mosquito lo enfurecían o le provocaban desmayos.

"No sabíamos ni entendíamos lo que quería, así que usábamos signos básicos para comunicarnos con él", recordó Lillian.

Académicamente, Adrian era excepcional. Empezó a leer desde pequeño, construía cualquier cosa con Legos, y le encantaban las matemáticas, la ciencia y los rompecabezas. A los 3 años, Adrian iba en el autobús escolar al programa Head Start. No solo comenzó la escuela primaria temprano, sino que también se graduó de la secundaria anticipadamente.

Lilian ya conocía lo que era criar un niño con dificultades cuando nació Adrian. Su hija, Volina (la madre de Adrian), nació con impedimentos físicos y tuvo su primera cirugía a las 17 horas, seguida por muchos procedimientos quirúrgicos a lo largo de su infancia. Si bien se corrigieron los problemas físicos, el trauma emocional de las hospitalizaciones y los procedimientos médicos le causó un desorden de estrés postraumático.

"En aquellos tiempos no había internet, así que dependía de la biblioteca y de otros padres para conseguir ayuda para Volina", dijo Lillian.

La experiencia ayudó a Lillian a aprender y a abogar por Adrian. Consiguió la ayuda de otros padres, del personal de su iglesia, de la escuela y del personal médico, así como de organizaciones como el FIC. Así, Adrian recibió terapia de modificación de la conducta y medicación. También participó en los eventos de Iron Man en la iglesia, así como en el club de lectura, las actividades de verano y los grupos de apoyo del FIC.

Gracias al apoyo de Lillian, Adrian aprendió a socializar y a sentirse cómodo en grupos grandes. Finalmente, consiguió un trabajo y asistió a la universidad.

Fue todo este trabajo con Adrian lo que llevó a Lillian, que era contadora, al FIC en 2005. Anteriormente, trabajó para Southwest Network, una agencia de salud conductual temprana, donde aprendió que le encantaba trabajar con las familias y ayudarlas a superar dificultades que parecían insuperables.

A pesar de toda su experiencia con Volina y Adrian, el mayor desafío de la vida de Lillian fue la muerte de su marido cuando tenía 41 años.

"Él era mi mundo", dijo Lillian. "Probablemente me llevó 10 años no sentir el dolor de esa pérdida. Era mi mejor amigo, perder a tu mejor amigo, el padre de tus hijos. Fue probablemente el viaje más duro que tuve que hacer."

Lillian eligió no casarse de nuevo y crio sola a los cincos hijos que había tenido con su marido.

Hoy, a los 71 años, Lillian disfruta de su función como Especialista en educación y formación familiar en el FIC. Da clases de crianza, asesora a las familias, y te da todo su aliento o un buen regaño, ¡lo que verdaderamente necesites!

"Me ocupo de un montón de jóvenes", dijo. "Muchos jóvenes están sufriendo y no saben qué camino tomar. Yo soy ese respaldo que necesitan".

Lillian ayuda a las familias que luchan por encontrar la ESPERANZA (Having Only Positive Expectations, del inglés, tener solo expectativas positivas). A lo largo de los años, ella y el FIC han ayudado a cientos de familias a tomar mejores decisiones, a manejarse en el sistema de bienestar infantil y a reunir a sus familias. Entre las mayores lecciones que ha aprendido durante este tiempo está la importancia de la familia.

"Uno de los mayores aspectos curativos aparte de la medicación es la familia", añadió. "Esa es una curación que reemplaza a cualquier medicamento que puedas ponerte en la boca".

La familia, ya sean sus propios hijos y las familias que ella ayuda, son la razón de Lillian para levantarse por las mañanas. Está orgullosa del éxito de sus hijos y agradecida de que Adrian haya nacido en un momento en que había conciencia sobre el autismo. También le da crédito al FIC por desempeñar un papel importante en ayudarle a vivir una vida productiva.

"Si hubiera nacido en los años 60 o 70, habría pasado su vida en una institución", dijo Lillian.

En cambio, en dos años, Lillian verá a Adrian cruzar el escenario para recibir su diploma.

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